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LA SÉPTIMA PUERTA

CAPÍTULO I



Puede que ya sea el tiempo de empezar, salir del letargo de los sentidos, volver, asimilar, renacer desde dentro y renovar los hábitos ensombrecidos que perturban la paz interior de la propia identidad (que en su búsqueda) dejaron las puertas abiertas a extraños fenómenos hábiles en su estado incoloro. Luces y sombras de un presente precedido de la evolución de un tiempo que aún está por llegar.


Puede que hoy no sea el día apropiado y hace días que el día apropiado no lo dejan llegar, tal vez por su sin razón, o por la razón en sí; motivo suficiente para unos y otros que piden ayuda para salir, o libertad para seguir ocupado espacios ajenos.


Sé que es difícil comprender los sentidos que ni siquiera se han despertado, ni se sabe si están, existen, o los crea la mente.


Parte de la fe, imaginación, sueños, subconsciente, o simplemente osadía en la prepotencia de la verdad, que todos indistintamente de la que poseemos, creemos como la más firme realidad de conceptos al ver la vida partiendo de la base de lo que  poseemos como propia identidad y creando un mundo a la medida de nuestras circunstancias y necesidades de lo que nos toca vivir. (Sin entrar en Causa y Efecto.)


Esta vez no lo voy a poner fácil, no voy a dejar que cualquiera pueda traspasar el umbral tan solo con llamar a la puerta.


El sexto sentido fue el comienzo de la razón, y la razón a dado el comienzo a esta nueva búsqueda, que intrusa en afán de oscuridad como ahora, como antes, como siempre, intentara confundir la voluntad de los hombres en su propio beneficio para no encontrar la paz que conlleva el espacio de salida de todo aquello que nos perturba.


Si todo lo he dicho, si otros lo han dicho, si solo es un medio, un instrumento más para que suenen las notas con armonía, dejemos que la música aflore nuestros sentidos y demos paso a todos aquellos que quieran componer mostrando todos los instrumentos y sonidos que (unan) de una vez por todas, cuerpo y alma, espacio propio y ajeno, efecto y causa de la razón escrita en la propia voluntad de los hombres desde el principio de sus días.


No será fácil, pero aquello que está escrito se ha de entender entre líneas y renglones torcidos, y a veces la necesidad, la sinrazón, o la mera presión del entorno, nos ha de llevar a comprender la grandeza de nuestra propia existencia, aún en la más cruel e ilógica sinrazón.


En el planeta Tierra, hoy a 6 de mayo del 2003