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CAPÍTULO II

 

Se resienten los poros de mi alma, de tanto señalarla con los dedos. Me pesa el pensamiento, de las respuestas que no tengo, de las que puedo dar, las que me invento. Del corazón ajado y escondido para ahuyentar a los mosquitos. De poder desvelar, un poco más, tan solo un poco más lo que os digo.