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LA SÉPTIMA PUERTA

CAPÍTULO I


Hoy casi dormido, casi sin ganas, casi conmigo sin mí, tres días esperando poder expresar todos los pensamientos sueltos, reciclando los mensajes, más austeros en contenido, y buscando los porqués de este sin revés cultural, amoral, asexual, del contenido simultaneo, espontáneo, radical y personal de los sin nombre, que como primera persona, y con derecho a voto como cualquiera, esparcen sus verdades al viento, para que el viento se lleve todas las verdades, las buenas, las malas, las juiciosas, las irresponsables.


Las grandes  verdades, y las estúpidas, las políticas, las religiosas. El gran derecho  a hablar, expresarse, comunicarse, decir lo que uno piensa, lo que uno desea, siente, le apetece y quiere porque los tiempos lo permiten, los intereses no van a la baja, y lo que ha estado arriba ha de estar abajo, y lo que ha estado abajo tiene que estar arriba. (El que tenga  oídos que oiga, y el que tenga ojos que vea.) Y entre sueños, digo, tan complicado era verlo, tan difícil estaba, tan ilógico podía ser ver la tierra redonda, y perder la vida en ello. Hablar de Dios y morir por él. Resucitar los muertos y vivir tantos del cuento... una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete...


La enorme capacidad de olvido que tiene el hombre es tal, que las cosas, casi dormidos, casi sumisos, casi anonadados, se nos pasan de largo sin darnos cuenta que han pasado, y están pasando día a día, momento a momento. Que estúpida razón la razón que como en sueños pasa, y tan solo nos deja leves recuerdos del ayer, que es hoy. Pero, si el yo es la evidencia de la realidad, y la realidad del yo perturba la sinrazón al ampliarla al muchos, al más, al todos...?


Los que fueron de verdad intentaron dejarlos en el olvido por no ser dogma a seguir, y siguieron aquellos que en interés de la mayoría beneficiaba y enriquecían más a ellos, y ellos que siempre se han guiado por la materia, “no lo debería de decir” se olvidaron hasta de sus propios hijos, peor aún, la estupidez es sinónimo del gran yo material y se olvida hasta de uno mismo. Porque demostrado esta, que nadie se ha llevado nada, ni ha permanecido aquí para conservar lo que tenia. Más si tenía, vino se fue, y se marcho, porque sigue en la agonía de no buscar aquí o allá..., nada mejor.


Debería estar durmiendo, o dormido, o lo estoy? Yo que sé que es lo que digo si cuando hablo no escribo y cuando escribo ni sé si estoy. Pero tú que como yo sabes de la cuerda floja y es tan solo la presión lo que nos hace ceder, y tan bien la seducción, el deseo, la voluntad, las ansias, el corazón, el amor, el odio, la maldad, los instintos, la incomprensión, pero sobre todo, y pese a todo, la causa y efecto de nuestras inquietudes y la forma de quererlas conseguir, hacen que cada nueva realidad este arrastrada por la  siguiente o la pasada, sin que altere para nada, nuestro destino final.


Casi sin más a 3 de Junio del 2003